El sermón actual en español - por el pastor Mirco Quint

17.º domingo del tiempo ordinario (A) 2026

Parroquia católica de lengua alemana en Japón

Homilía sobre 1 Re 3,5.7-12

 

1.ª lectura:       1 Re 3,5.7–12

2.ª lectura:       Rom 8,28–30

Evangelio:         Mt 13,44–52

 

Es una de las escenas más silenciosas y, al mismo tiempo, más impactantes de la Biblia: un joven rey se presenta ante Dios. Sabe que la tarea que tiene por delante es mayor que sus fuerzas. Y Dios le dice: «Pide lo que quieras que te dé».

Salomón podría pedir muchas cosas. Podría pedir seguridad, influencia, capacidad de imponerse. Pero no lo hace. Dice: «Dale a tu siervo un corazón que escuche».

Esta petición es notable. No es modesta, sino sabia. No es defensiva, sino previsora. Salomón sabe que, si no escucho, me perderé. Si no escucho, seré injusto. Si no escucho, me volveré ciego ante lo que Dios dice.

Un corazón que escucha no es una idea romántica. Es una actitud espiritual fundamental.

La capacidad de no reaccionar de inmediato, sino de percibir. De no juzgar de inmediato, sino de discernir. De no actuar de inmediato, sino de examinar qué es lo que tiene fundamento.

 

En los últimos años, la Iglesia universal ha hecho algo que suena sorprendentemente sencillo y, sin embargo, es muy profundo: ha vuelto a practicar el arte de escuchar.

En el Sínodo Mundial y también en las reuniones conjuntas de todos los cardenales con el Papa, quedó claro: la sinodalidad no empieza por hablar. Empieza por escuchar. No por elaborar conceptos, sino por percibir lo que dice el Espíritu de Dios. No por imponer posiciones, sino por discernir juntos.

Se notaba: la Iglesia en todo el mundo lucha por no caer en el activismo.

Lucha por no cambiar primero las estructuras, sino primero la propia actitud. Lucha por escuchar la voz de Dios antes de tomar decisiones. Este es un movimiento que Salomón habría comprendido.

 

Si se observa a la Iglesia en Alemania, se ve un movimiento diferente. 

Es comprensible, y también es necesario, pues ha surgido de una profunda crisis, pero es diferente.

Aquí (en Alemania) suelen ocupar un primer plano cuestiones que se plantean en voz alta. Cuestiones sobre el poder, la responsabilidad, las estructuras, los roles y las competencias. Cuestiones que surgen de las heridas, de la pérdida de confianza, de la necesidad de abordar los abusos y de extraer consecuencias.

Estas cuestiones no son erróneas. No son superfluas. Forman parte de un camino que hay que recorrer. Pero generan una atmósfera diferente a la que viven muchas Iglesias locales en todo el mundo. Mientras que en Alemania se debate mucho, en otras regiones se escucha mucho. Mientras que aquí se pregunta cómo puede reorganizarse la Iglesia, allí se pregunta adónde conduce el Espíritu de Dios. Mientras que aquí las estructuras ocupan un lugar central, allí lo hace el discernimiento espiritual.

Esto no es un juicio. Es una observación. Una observación que puede ayudarnos a escuchar de nuevo la petición de Salomón.

 

Quizá ese corazón que escucha, que Salomón pide, sea precisamente lo que ambos movimientos necesitan.

La Iglesia universal lo necesita para no caer en la arbitrariedad. La Iglesia alemana lo necesita para no quedarse estancada en el «modo estructural». Ambas lo necesitan para reconocer lo que es realmente importante. Lo que sostiene. Lo que sana. Lo que dice Dios.

Un corazón que escucha no es una huida de la responsabilidad. Es el requisito previo para asumir la responsabilidad de forma sensata. Evita que nos perdamos en el ruido de nuestros propios debates. Nos protege de que la rapidez sea más importante que la verdad. Nos protege de que las estructuras cobren más importancia que el Espíritu que debe animarlas.

 

Salomón pide un corazón que escuche antes de tomar una decisión. Quizá esa sea la actitud que necesitamos hoy, tanto a nivel personal como eclesial: no hablar primero, no reaccionar primero, no reestructurar primero, sino escuchar primero. No para hacer menos, sino para hacer lo correcto.

 

«Dale a tu siervo un corazón que sepa escuchar». 

La petición de Salomón es sobria. Es la visión de una persona que sabe que la orientación no surge del volumen. Surge de la atención.

La Iglesia universal intenta volver a aprender esta atención. La Iglesia en Alemania intenta ser capaz de actuar sin perderse a sí misma. Ambos caminos son diferentes, ambos caminos son necesarios —y ambos caminos necesitan un corazón que sepa escuchar.

Porque sin un corazón que escuche, toda reforma sigue siendo ciega. Sin un corazón que escuche, toda estructura sigue estando vacía. Sin un corazón que escuche, todo debate sigue siendo ruidoso, pero ineficaz.

Un corazón que escuche no es un extra espiritual. Es el comienzo de la claridad.